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El santo temor al déficit

Escrito el 31 enero 2012 por Juan Pedro Serrano Arroyo en Sector público

EL SANTO TEMOR AL DÉFICIT
He querido tomar esta sentencia de nuestro premio Nobel de Literatura (1904) y Ministro de Hacienda, en varios gobiernos de la Restauración (1876-1923), que además de dramaturgo y político era matemático, José Echegaray y Eizaguirre.
Al volver a desempeñar el Ministerio de hacienda con Alfonso XII dijo: “Para el creyente, la salvación está en el santo temor de Dios; para todo Ministro de Hacienda, para los Gobiernos, para el país, la salvación está en el santo temor al déficit. Y si no queréis hacerlo santo, decid en el patriótico temor al déficit.”
El déficit se presenta cuando los ingresos son inferiores a los gastos y para poder atender estos hay que endeudarse.
También, hay que tener en consideración que en el presupuesto los gastos suelen estar muy determinados y son limitativos, no se puede gastar más de los importes que aparecen consignados en el presupuesto, por el contrario, los ingresos son meras estimaciones, por lo que los gobernantes pueden, para poder cuadrar el presupuesto, caer en la tentación de introducir nuevas figuras impositivas o establecer un cuadro macroeconómico que gracias al mismo aporte unos mayores ingresos que luego la realidad nos va a demostrar que no se realizan o se recauda menor importe de lo presupuestado, y al no ser reales los ingresos y ser mayores los gastos se genera el déficit presupuestario.
En la actualidad se está volviendo a hablar que las Administraciones no pueden gastar por encima de lo que recaudan, que no es bueno para el país la existencia de déficit y por eso se han de adoptar medidas para eliminar los déficit anteriores a los que hay que dedicar ingentes cantidades de recursos y evitar en volver a caer en esas prácticas de gastar por encima de lo que se tiene.
El tema es que en ninguna norma se dice con claridad que se pueda incurrir en déficit, luego es una práctica de ciertos políticos que por su concepción parece que no quieren dejar de pasar a la historia y gastan y gastan sin tener ningún referente, incluso en inversiones de escasa o nula utilidad para la comunidad, dejando una elevada deuda para las generaciones siguientes que las impedirán adoptar medida alguna, ya que han de devolver esa deuda y sus intereses.
Creo que es necesario e imprescindible exigir que para que un político pudiera ejercer como responsable del presupuesto de una Administración pública se comprometiera a no gastar más de lo que esa Administración pueda disponer. Sería un requisito indispensable sin el cual el político no pudiera acceder a ocupar esa responsabilidad.
Entiendo que el déficit como tal debería estar prohibido en la norma fundamental, como se ha hecho recientemente en España, y por eso al jurar o prometer la misma en las tomas de posesión se debería remarcar este aspecto para que fuera tan explicito que su incumplimiento permitiera la exigencia de responsabilidades.
Es cierto que la eliminación del déficit no soluciona todos los problemas de un país, ya que lo fundamental son las reformas estructurales que se adopten, pero sería difícil llevarlas a cabo si la mayor parte de los recursos tiene que ir destinados al pago de la deuda generada por déficit anteriores. El hecho de presentar un presupuesto sin déficit no implica que no se puedan llevar a cabo inversiones, lo que pasa es que obligaría a revisar el papel y estructura del sector público, que tendría que ser muy distinto al que actualmente presenta, y a seleccionar inversiones productivas para el país.
Como botón de muestra no hay que dejar en el olvido el coste de aeropuertos públicos sobredimensionados; o el apoyo financiero a aeropuertos privados, alguno de ellos sin ninguna actividad, es decir, cerrados; Aves sin viajeros; instalaciones deportivas en la mayoría de las poblaciones cuando alguna de ella está casi sin población para su uso, o las de súper lujo muy infrautilizadas como la Caja Mágica; el velódromo de Palma, que no está homologado para actividades ciclistas; el puerto deportivo de Laredo, que no tiene barcos; el circuito de Alcañíz; carreteras, puentes y túneles para escasos vehículos; obras faraónicas, etc. que han supuesto un elevado coste que de dedicarse a otras atenciones hubieran mejorado las infraestructuras y el bienestar de nuestro país y probablemente no hubieran ayudado a crecer el déficit.
Fdo. Juan Pedro Serrano Arroyo

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