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La crisis en positivo

Escrito el 15 marzo 2012 por Jose María Sánchez Alarcos en Innovación, Sector público

Nos movemos entre un optimismo estúpido y sin fundamento del aún próximo pasado y un pesimismo calculado para que cualquier desastre menor que el que se anuncia sea visto positivamente. No hay término medio o, para ser más precisos, en el caso de que nos quedásemos en el término medio tendríamos que contradecir la doctrina aristotélica de que ahí está la virtud. No hay virtud en el término medio y lo que se requiere es un cambio completo de modelo.

A pocos se les podría ocurrir que hace aproximadamente un siglo el automóvil fuera abrazado como un invento favorable a la salud pública por la reducción de contaminación que representaba; sin embargo, así ocurrió. En la Nueva York de principios del siglo pasado, los caballos llegaron a ser un problema importante, no sólo por los accidentes de tráfico relacionados con los coches de caballos y con el hecho de que las calles estuvieran regadas por las deyecciones de éstos. De vez en cuando, para mejorar el panorama, alguno se moría en plena calle y podía transcurrir bastante tiempo hasta la retirada del cadáver con los consiguientes riesgos para la salud. Nadie veía una solución pero ésta apareció en forma de un cambio radical: El automóvil. ¿Quién nos lo iba a decir un siglo después?

La crisis económica extrema a que hemos llegado en España nos presenta una situación similar: Desde la puesta en marcha del “innovador” Estado de las autonomías, concebido como una “República un poco Federal” sin unas limitaciones claras entre los papeles del Estado central y del Estado autonómico, se entró en una espiral de derroche y de corrupción en la que no basta ni una subidita del IVA o del impuesto que sea ni un leve recorte en un concepto de gasto. Es necesaria una crisis de este calibre para que alguien pueda atreverse a decir “Señores; esto no se sostiene” y, a partir de ahí, cambiar el modelo.

Podemos discutir si el modelo debe ir hacia una autonomía fiscal completa -cada uno es responsable de lo que recauda y de lo que gasta- o hacia un control de los desmanes tanto central como autonómico por parte de la Administración Central pero lo que no funciona es esto. La golfería ya no es anecdótica sino que sólo una corruptela -cierto que la más grande conocida hasta este momento, la de los EREs falsos en Andalucía- supone con lo encontrado hasta ahora un cuarto del recorte suplementario de 5.000 millones de euros a que obliga la Unión Europea. Naturalmente, esto ocurre entre otras cosas porque hace bastante tiempo que se desactivó un poder judicial independiente y una Intervención General del Estado.

Hace pocos días, un amigo me daba una interesante teoría sobre la querencia de los corruptos por los paraísos fiscales: No es una cuestión tanto de evitar impuestos como de ocultar repartos. Por ejemplo, si alguien contrata cualquier trabajo absurdo, caro y que además no se va a realizar a algún duque que pase por allí y éste se lleva el dinero a un paraíso fiscal ¿es para evitar impuestos o es porque desde allí se hace el reparto y parte del dinero vuelve a la cuenta particular de quien encargó el trabajo? La corrupción y el despilfarro ya no son anecdóticos; algunos han hablado, por ejemplo, de las “embajadas de Cataluña” como ejemplo del despilfarro pero esos mismos omiten añadir que prácticamente todas las autonomías las tienen y la única diferencia real es que no las llaman embajadas.

Las duplicidades o triplicidades de competencias o los privilegios de la clase política y sindical y la corrupción son lujos que ya no se pueden permitir. Tampoco se pueden permitir lujos como regalarles a los Bancos el dinero de los ciudadanos -el ejemplo de Islandia no parece interesar que se difunda- ni a las múltiples castas parasitarias que viven de la subvención. No se trata del ajuste fino sino de liquidar el modelo y, con él, a buena parte de las castas que lo han generado y que han medrado a su amparo. Si esto viene como resultado de la crisis, bienvenida sea la crisis porque ya hacía falta.

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