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May

La relación entre el ORIGAMI y el Medio Ambiente.

Escrito el 16 mayo 2012 por Román Gómez-Millán en Sector público

Quiero poner sobre la mesa un tema de innovación en la gestión de la cadena de valor de un servicio público, el caso del impuesto sobre las bolsas de basura de los supermercados. Una política, en mi opinión muy acertada, de incorporación del ciudadano en la cadena de valor de la protección del medio ambiente. Y del cómo a través de penalizar vía impuestos se corrigen comportamientos y se consigue que el consumidor final sea parte del proceso de reciclaje.
No frecuento mucho los supermercados, por suerte existe internet, pero un sábado me acerqué a unos grandes almacenes con el objeto de comprar seis o siete artículos de urgencia, la familia numerosa es lo que tiene, y cuál fue mi sorpresa cuando la señora que se encontraba en la cola delante de mí saca de su bolso dos pequeños triángulos de plástico, que en una suerte de habilidad –cuál maestro origami- comienza a desenvolver para convertir, bajo mi atenta y sorprendida mirada, en dos bolsas de plástico de las de toda la vida.
Acto seguido comienza a introducir toda su compra en las citadas bolsas, y mostrando una nueva habilidad digna de los maestros orientales más sabios, encaja cual “tetris” todos los productos en las dos bolsas. Yo cuando comenzó aquella tarea hubiese apostado una mano a que no era capaz de introducir todos los artículos en dos bolsas. La cajera, que era de mi opinión, le preguntó si quería una bolsa, a lo que nuestra “sensei” dijo –No te preocupes guapa que esto entra-, ¡y entró!.
Cuándo me tocó el turno puse mis artículos en la caja y solicité bolsas. La cajera muy amablemente me preguntó que cuántas quería, a lo que respondí –las necesarias para que no se me rompa la bolsa de aquí al coche, pero calcule usted-. Cuando miré la cuenta, la bolsa me había costado cinco céntimos, repito cinco céntimos. Nuestra maestra “sensei” había traído, y doblado con su arte origami, dos bolsas, había realizado una labor de organización espacial digna de ingenieros, todo por diez céntimos. No era posible, este mínimo ahorro no era condición suficiente para todo este “jaleo”, pero si ese ahorro se pierde si cambiamos de marca de leche. Entonces empecé a observar, y el comportamiento era repetido por la mayoría de los compradores. Unos traían “su bolsa” de casa, otros compraban las bolsas mínimas hasta límites ridículos, otros preferían jugar a funambulistas llevando la compra “en brazos”.
Entonces empecé a investigar, el cobro de las bolsas se establece por la comunidad autónoma como impuesto sobre las bolsas de un solo uso en aras de la protección ambiental. Se estima que cada habitante consumía 300 bolsas de plástico al año, lo que supone un peso de 98.800 toneladas de residuos, ya que menos del 10% se reciclaba. Seguí investigando y resulta que existe un día internacional libre de bolsas (el 3 de julio por si no estabais enterados). Y llegué a una conclusión, los consumidores reciclan las bolsas por tres motivos fundamentales:

 

  • Por la protección del medio ambiente, creo que muy pocos lo hacen por el bien común, pero sí es cierto que se ha conseguido algo de concienciación.
  • Por el ahorro, posiblemente la mayoría tenga esta motivación, pese a que el ahorro es mínimo y existen otras vías que pueden generar más ahorro, marcas blancas, promociones, etc.
  • Por el hecho de que siempre ha sido gratis y ahora lo cobran, y eso “fastidia” una barbaridad. También habrá un numeroso grupo que sustente su decisión en este argumento.

En cualquier caso, e independientemente de cuál sea la motivación, lo cierto es que esta política ha conseguido que muchísima gente recicle las bolsas, generando un ahorro energético por la fabricación de bolsas de plástico altamente contaminantes y apoyando a la conservación del medio ambiente al reducir los residuos que generados, INCORPORÁNDOSE A LA CADENA DE VALOR DE LA PROTECCIÓN AMBIENTAL.
Pero no pensemos que esto es nuevo, muchos de nosotros nos acordaremos de los cascos retornables de las botellas de Coca-Cola, otra manera de introducirnos en la cadena de valor, en este caso la de reciclaje para la marca de bebidas.
Quizás sea tema para otro post, pero se me ocurren multitud de actuaciones en este ámbito que podrían reducir fácilmente los residuos. Por qué no aplicamos una tasa a las empresas de yogures por poner tanto envase, el envase de plástico de cada yogur, el cartón del pack, el embalaje de los pales, etc.. Al final el consumidor exigiría que se redujesen u optimizase el packaging para minimizar los residuos, no por ser “verdes” sino por no pagar un sobrecoste, como nuestra amiga “sensei”. Si se reducen los residuos, reducimos el coste del reciclaje y reducimos los impuestos. Pero ojo, el objetivo es mejorar el servicio público no imponer impuestos que al final sólo sirvan para recaudar.
Con este post os traslado mis inquietudes y os pido que pensemos qué otros pequeños cambios pueden generar grandes actuaciones. Y por supuesto todo aquel que sepa doblar las bolsas en triangulitos que comparta esta sabiduría en wikipedia.

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