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Tamaño de las Administraciones Públicas

Escrito el 3 julio 2012 por Juan Pedro Serrano Arroyo en Sector público

Hoy no tiene discusión de que el  tamaño de las Administraciones Públicas está muy por encima de las verdaderas necesidades del país y  el coste que supone mantenerlo las hace inviables.

El actual sector público de España se corresponde con una situación de bonanza económica y de un crecimiento en torno al 2% anual, que desde luego no encaja con la realidad  de decrecimiento del PIB y la profunda crisis económica y financiera que asola a nuestro país. En estos momentos no hay ingresos para soportar el pesado aparato burocrático y parte de los gastos y subsidios que atiende, sin olvidarse del coste de los más de 3 millones de empleados públicos.

Europa y él FMI tienen su mirada puesta en el gasto de las 17 administraciones autonómicas y al de los más de 8.000 municipios españoles, de los que se estima que casi la mitad de ellos son inviables económicamente, pero que tienen una buena carga de gasto público. Eso, sin olvidar la impresionante colección de empresas públicas, la inmensa mayoría deficitarias, de las que muchas se han creado  para eludir cualquier tipo de control,  para sentar en los consejos de administración a políticos y para colocar a personas de su entorno, ya que una buena parte  de ellas tienen poca justificación técnica, ni objetiva, ni quizás sean necesarias   y más de una tiene  escasa actividad real.

Hay que diseñar que tipo de Estado se quiere, qué ha de atender y cómo se ha de estructurar su organización y el personal que es necesario en un entorno de administración electrónica y de uso masivo de redes sociales. Sentada la anterior premisa, Unidad a Unidad habría que responder a la siguiente cuestión: ¿Cuál es su Misión? Revisando en profundidad las misiones de las distintas unidades organizativas se podrá proceder al redimensionamiento o supresión de las mismas, permitiendo alinear los recursos necesarios con las necesidades reales. Este proceso precisa de revisiones sistemáticas, porque las funciones y alcances cambian, se pueden redistribuir responsabilidades entre los distintos niveles organizativos y territoriales, o bien cuando las tecnologías transformen los escenarios y condiciones del entorno.

Por ejemplo, y sin entrar en otros muchos aspectos ni de gestión ni de estructura,  la misión de una determinada Unidad puede ser la del reconocimiento y pago de pensiones. Esta actividad se puede considerar como una parte esencial del nuevo modelo de Estado, pero, ¿se necesita de tanto personal cuando las altas, las bajas, las bases retributivas y años de servicio que van a determinar el cálculo de la pensión se transmiten electrónicamente, mes a mes en los boletines de cotización? Cuando la comunicación se puede hacer por vía electrónica a los pensionistas ¿se deben de  seguir haciendo campañas de publicidad o no reducir en gran parte el ingente gasto de correos para su notificación?

Otro ejemplo, hay Ayuntamientos que o tienen televisión, o radio,  o periódico o un enorme gabinete de prensa y de comunicación, o todo a la vez, alguien puede afirmar que ¿esta actividad es una Misión de un Ayuntamiento? No lo es y no tiene sentido ni justificación el gasto de muchos ayuntamientos en estas cuestiones y más con los medios que ofrece la sociedad de la información para la rápida transmisión de cualquier mensaje, como puede ser internet o las  redes sociales.

Pero con los gastos habría que llevar un proceso similar, examinar uno por uno y eliminar los que no encajen con la Misión, para luego valorar el impacto social y económico del mismo huyendo de las decisiones partidarias, estableciendo prioridades y eligiendo entre varias alternativas para hacer lo mismo con un menor coste, por la eficiencia.

Un solo apunte en materia del personal, si se eliminan Unidades ¿sobra personal? En principio ya sobran sin suprimir Unidades, en especial de los que han entrado sin oposición o se han ido colocando en función de intereses partidistas, etc. por lo que es necesaria una reducción. Una vez culminada esta primera etapa se puede redistribuir el personal de las unidades excedentarias a las de gestión directa al ciudadano, reforzando, por ejemplo, el trabajo burocrático de comisarias y liberando a policías para que se centren en su labor, apoyando administrativamente a los hospitales, liberando de esta tarea al personal sanitario, apoyo administrativo a la administración de justicia, y un largo etcétera.

Juan Pedro Serrano Arroyo

Comentarios

José María Rivera Gatón 24 agosto 2012 - 12:55

Existen dos características que nos diferencian del reino animal: la capacidad para adelantarnos a los acontecimientos y la facilidad que tenemos para hacer daño a nuestros congéneres.

Que el déficit se produce cuando los ingresos no llegan para cubrir los gastos, no lo aprendí yo en ninguna escuela de economía de prestigio: me lo inculcó mi difunta progenitora, una sencilla y humilde ama de casa rural castellana, de la Castilla más pobre -Tierra de Campos-. Una vez constatada su existencia, lo importante es determinar las causas que nos han abocado a él, y si podíamos y debíamos haber hecho algo para preverlo primero, y evitarlo después.

Si tenemos un organismo o entidad que gozaba de buena salud económica, y de repente -ignorando el inexorable principio que siempre se cumple de que la economía funciona por ciclos- reducimos los ingresos a la mitad vía reducción del tipo que los regula y aumentamos también la parte del gasto en una cuantía que supone aproximadamente un tercio más, y todo esto de golpe de un mes para otro. Y si sacamos del fuego y añadimos que a un año escaso de esta “hazaña” comienza la grave crisis que nos atenaza y subyuga, y no nos deja levantar cabeza y lomo, el resultado no puede ser más desolador: un destrozo. Y si encima al más importante factor productivo -el humano- se le maltrata, denigra, degrada, se adoptan decisiones arbitrarias e injustas, si se convierte el nepotismo en regla general de actuación y no se respetan los constitucionales derechos de igualdad, mérito y capacidad en el desarrollo de sus carreras profesionales…, el desastre puede alcanzar proporciones bíblicas.

Se habla de que sobran recursos humanos en las AA PP, y no seré yo el que lo niegue, pero lo que sí estoy dispuesto a discutir es en qué niveles, tareas y tipos de administración. Expuesto el caso práctico a mis alumnos, les propuse que mi dijeran su opinión al respecto y lo que habría que hacer con el responsable del destrozo. Las respuestas fueron unánimes y contundentes: apartarlo. Aunque alguno iba más allá, yo de momento me quedo aquí. Pues eso.

José María Rivera Gatón

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