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Sep

La evolución -pública- según Darwin

Escrito el 18 septiembre 2012 por Román Gómez-Millán en Sector público

“No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que responde mejor al cambio.”
-Charles Darwin-


Releyendo la historia española de los últimos seis siglos se puede ver como la función pública española se ha modernizado mucho, pero ha evolucionado poco. Desde Felipe II, el rey en el despacho como lo renombró el académico José Antonio Escudero, hasta nuestros días ha ido creciendo bajo un esquema similar con mucha tradición y poca innovación.
Quizás la actual situación sea el detonante que necesitábamos para repensar la manera de hacer las cosas, de conjugar distintos ingredientes o exportar experiencias de otros territorios o sectores.
Como muestra un botón, basta con abrir cualquier periódico para encontrarse dos noticias que en principio nada tienen que ver. Por un lado son muchísimas las noticias sobre la escasez de fondos de las administraciones públicas, las reformas, reestructuraciones o recortes necesarios para salir de la crisis. Por otro lado existen multitud de noticias relativas al aquilatamiento de las estructuras de las grandes empresas, la abundancia de directivos y el exceso de profesionales altamente cualificados que han visto cortadas sus carreras profesionales por falta de proyectos o por la ralentización del negocio de estas grandes compañías.
Quizás estos dos temas por separado no tengan mucha relación, pero ¿y sí los uniéramos?, estamos en el momento de la innovación, de la invención, de la búsqueda de fórmulas nuevas. Qué pasaría si, cuál alquimista medieval, intentamos combinar ambos problemas, y si el exceso de capacidad de las grandes empresas privadas pudiese destinarse a la función pública, tan necesitada de capacidad y tan escasa de recursos. Qué nos impediría que una empresa cediese recursos ociosos, o infrautilizados, para mejorar la gestión del gobierno local o autonómico. En qué se diferenciaría eso de patrocinar un festival cultural o una carrera popular. En el fondo estoy financiando con aportaciones privadas un servicio público, ya sea un acto deportivo o la gestión pública. En este momento las compañías no pueden aportar patrocinios o apoyos en términos económicos, pero sí lo pueden hacer con recursos de su propia organización, acaso no es esto una continuación de la tan nombrada responsabilidad social (rsc). En las épocas de bonanza la responsabilidad como empresa se ha materializado en aportaciones económicas a la ciudad, patrocinando o promulgando labores culturales, deportivas o sociales, devolviendo así a la sociedad parte del valor que se ha creado. Por qué no se puede, en estos momentos más arduos, devolverle ese valor en horas de trabajo de mi capital humano.
Sin entrar en más detalles, se me ocurren decenas de ejemplos, como que un gran banco –o caja- ceda a tiempo completo un grupo de profesionales, que en la actualidad en su organización son prescindibles, para crear una oficina de promoción empresarial, búsqueda de financiación o creación de planes financieros dependiente del ayuntamiento de turno. O una empresa inmobiliaria que recupera a un directivo de un proyecto internacional terminado, y que si bien no cuenta con hueco en la organización no entra en los planes desinversión de capital humano, lo ceda para la gestión-gerencia de la empresa pública de viviendas, manteniendo así su valía y expertise recuperándolo tras la legislatura.
Esta nueva fórmula podrá tener muchos detractores, pero bien analizada y estudiada puede aportar soluciones para todos:

  • • Para la empresa: mantiene la responsabilidad social, supone una solución temporal para el exceso de capacidad de sus directivos, que permitirá no perder –por despidos o salidas voluntarias- a recursos humanos importantes.
  • • Para el directivo: mantener su desarrollo profesional dentro de la empresa, aportar su labor a la función pública, obtener el prestigio que aporta la gestión pública.
  • • Para la corporación pública: mantener servicios públicos, obtener la experiencia del sector privado, apoyarse en la colaboración público-privada como modelo de gestión

Los críticos habituales promulgarán su temor a que estos puestos no sean inmunes a las presiones –lobbies- de sus empresas en contrataciones públicas, pero ante esto lo único que se puede decir es que si se cumplen todos los procedimientos legales garantistas, es complejo que se puedan hacer cosas fraudulentas. La transparencia es la clave, pero en cualquier caso la luz y taquígrafos necesarios será la misma que para los patrocinios de las carreras populares o de las fiestas locales, o acaso es menos sospechoso financiar con dinero una escuela deportiva que financiar cediendo directivos una empresa pública o un departamento del ayuntamiento.

Creo que las ciudades deben mucho a sus empresas, pero las grandes empresas deben mucho a sus ciudades, quizás cada ciudad deba buscar un mecenazgo que aglutine a las cuatro o cinco mayores empresas del territorio, para poder analizar esta nueva fórmula, aportando grandes profesionales a la ciudad para que, entre todos, reinventarnos y salgamos reforzados de esta maldita crisis.

Legalmente desconozco las trabas, incentivos o trámites que esta nueva fórmula puede conllevar, pero precisamente ahí es dónde deberemos innovar, repensar y si tenemos que cambiar algo, pues para eso está el legislador para adaptar nuestro marco normativa a las nuevas reglas del juego.

Sigamos innovando, adaptémonos…

Comentarios

Sergio 21 junio 2014 - 21:24

Román, en realidad despues de leer tus blog, y con la ventaja de verlos con una fecha muy posterior a la publicación, he de decirte que me ha sorprendido y encantado todos y cada uno de ellos, si bien el primero estuvo mas flojillo he de decirlo tambien, los demás han estado muy bien. Ojalá tuvieramos mas simpatizantes. Ha sido un placer leerle, hasta otra

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