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Jun

Artículo publicado en el diario ABC por Pilar Marcos, diputada del Partido Popular por Madrid y actual alumna del Programa Ejecutivo en Liderazgo Público impartido por el Centro de Innovación del Sector Público de PwC e IE Business School.

ABC. SÁBADO 21 DE JUNIO DE 2014

Pilar MarcosLA OPINIÓN DE

Pilar Marcos

Diputada del Partido Popular por Madrid

El discurso del Rey (y los tres problemas de España)

Los tres problemas más graves que tiene España, los tres que comprometen nuestro futuro -y también nuestra convivencia presente- fueron los tres ejes sobre los que vertebró el nuevo Rey su primer discurso a la nación.

El empobrecimiento y las expectativas truncadas por la escasez de empleo es el primero de ellos, porque es el que sufren como propio mayor número de ciudadanos. El riesgo real de ruptura de la nación de ciudadanos libres e iguales que queremos que sea España es el segundo problema, y también el más grave porque nos afecta a todos. El tercero, que viene a agravar los dos primeros, es la espiral de desconfianza-desafección-divorcio de los representados hacia sus representantes políticos –y también institucionales, empresariales, sindicales…- por la proliferación de demasiados casos de anti-ejemplaridad.

Cada uno de los tres, por sí solo, ofrece material sobrado para sabernos en crisis. Y también para hacer especialmente sensible el inicio de un nuevo reinado. Pero el nuevo Rey, Felipe VI, optó por mirarlos de frente y dedicar a esos tres problemas su primer mensaje a la nación, pronunciado el 19 de junio en unas Cortes Generales que albergaron a la práctica totalidad del poder político e institucional de España. Porque, en sus palabras, «la Monarquía Parlamentaria puede y debe seguir prestando un servicio fundamental a España». Y hacerlo, además, desde la «neutralidad política» y con «vocación integradora».

El empobrecimiento de amplias capas de la sociedad por el desempleo y la falta de perspectivas de futuro es el problema que afecta a la vida cotidiana de más españoles y, precisamente por eso, merece ser tratado como el primer problema de España.

El Rey habló de él con toda su crudeza. «Todos aquellos ciudadanos a los que el rigor de la crisis económica ha golpeado duramente hasta verse heridos en su dignidad como personas» deben saber que Don Felipe empezó su reinado recordando a todas las autoridades reunidas en el Congreso de los Diputados (es decir, a casi todas) que «tenemos con ellos el deber moral de trabajar para revertir esta situación y el deber ciudadano de ofrecer protección a las personas y a las familias más vulnerables». Porque «ganar la batalla por la creación de empleo constituye hoy la principal preocupación de los españoles». Es, debe ser, una prioridad indelegable para que la inmensa mayoría de los españoles recuperen la legítima ambición de formar parte de esa pujante clase media en la que el ideal del progreso personal y colectivo es deseable y posible.

El segundo problema de España, porque en su génesis ha sido creado sólo por algunos, es el más grave porque nos afecta a todos al afectar a la nación. Pone en riesgo la convivencia y el futuro del conjunto de los españoles como nación de ciudadanos libres e iguales.

Tejer la red de lo mucho que nos une no ha sido nunca tarea fácil. Don Felipe jalonó su discurso con un homenaje a todas las hilanderas de esa red invisible que nos salva del abismo; en palabras del joven Monarca, que nos alejan de «tiempos de tragedia, de silencio y oscuridad» no tan lejanos. Un homenaje que personalizó en su padre, Don Juan Carlos, que «quería ser Rey de todos los españoles; y lo ha sido». Yen la generación de su padre, «que abrió camino a la democracia».

Pero todo eso que llamamos La Transición (expresión que Don Felipe evitó utilizar en su mensaje) ocurrió hace ya mucho tiempo, y lo hemos dado por amortizado.De paso, hemos dado también por amortizados los valores en los que descansa nuestra convivencia democrática. El Rey mencionó cuatro imprescindibles: los «valores de libertad, de responsabilidad, de solidaridad y de tolerancia». Cuatro valores capaces de curar grandes males cuando se ofrecen juntos.

La Corona es el símbolo de la unidad de España. Ésa es la clave que da sentido a los ataques –de momento, verbales- dirigidos contra la monarquía. Pueden vestirse de republicanos, de referéndum o dederechos a decidir. El motivo es que la monarquía constitucional es el símbolo de una España diversa en la que cabemos todos… Todos dentro de la Constitución de 1978; una ley que, como todas, se puede reformar cumpliendo la ley. Y también se puede violentar a riesgo de hacer saltar por los aires la convivencia cívica y pacífica de las últimas décadas de una nación ahora plenamente integrada en Europa. En todo caso, es evidente que esa invisible red de lo que nos une está dañada y que la diversidad de España exige a las hilanderas que puedan repararla tener manos expertas y cuidadosas. Y exige también que sepan ganarse el prestigio y reconocimiento público para tan delicada tarea.

Y aquí llega el tercer problema de España, el que actúa de catalizador de los peores riesgos que acompañan a los dos primeros: las múltiples exhibiciones de anti-ejemplaridad que han mancillado el prestigio de quienes tienen el prestigio como primer deber: políticos, sindicalistas, empresarios…

Don Felipe evitó la crítica a tantos, que a nada conduce, y optó por comprometerse él mismo -ante la hoja en blanco del inicio de su constitucional reinado- a ser ejemplar cada día y todos los días, hasta que los españoles se sientan «orgullosos de su nuevo Rey». Es un objetivo a imitar y compartir con la máxima urgencia, amplitud y determinación. Como dijo el Rey, «los ciudadanos demandan con toda razón que los principios morales y éticos inspiren -y la ejemplaridad presida- nuestra vida pública». Él se ofreció a ser «un servidor de esa justa y legítima exigencia de los ciudadanos». Ojalá lo seamos todos los que debemos serlo, porque recuperar el prestigio como deber es un prerrequisito para poder hacer frente a los otros dos grandes problemas.

Empleo, unidad en la diversidad y ejemplaridad pública son las tres soluciones a los tres principales problemas que tiene hoy España. No hay varitas mágicas, pero nombrar los problemas, reconocerlos y comprometernos a trabajar a favor de las soluciones -«cada uno con su propia personalidad y enriqueciendo la colectiva»- es una excepcional forma de iniciar un reinado.

 

Enlace: http://www.abc.es/casa-del-rey/proclamacion/opinion/20140620/abci-pilar-marcos-201406202334.html

Descargar artículo: El discurso del Rey (y los tres problemas de España). (ABC, 21 de junio de 2014)

 

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