Entradas Etiquetadas con ‘Estrategia’

29
Mar

Duplicidades en lo público

Escrito el 29 Marzo 2012 por Daniel Berzosa en Sector público

El Gobierno había anunciado que eliminaría organismos autónomos, entes y empresas públicas ante las «excesivas» duplicidades, por boca de su presidente, Sr. Rajoy, en una reciente sesión de control. Y adelantaba que, tan pronto como se acuerde con las autonomías la cuestión del déficit, el ejecutivo hablará de «unidad de mercado y duplicidades». En palabras del ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, con carácter general y espíritu de ordenación, hay que evitar que se tengan que financiar competencias que correspondan a otras administraciones públicas.

Cuatro ejemplos, tomados al azar entre las listas que circulan, de la sobrecarga institucional son los siguientes. La deuda de todas las televisiones autonómicas se ha incrementado hasta los 1.466 millones de euros en 2010. Andalucía, cuya deuda no tiene la consideración de bono basura —todo sea dicho—, tiene, no obstante, 54 empresas públicas, con un presupuesto de 5.282 millones de euros. Cataluña, cuya deuda sí tiene la consideración de bono basura (como sucede con la Comunidad Valenciana) mantiene oficinas en el exterior (las «embajadas autonómicas») de las que se niega a prescindir. La evolución hipertrófica de la enseñanza universitaria pública en España, que ha desembocado en un modelo provincial (son casi cincuenta) y maneja un presupuesto de 6.700 millones de euros.

La situación agónica en la que se encuentra la economía española y no solo la financiera —que es evidente—, sino, también, la llamada real —que no es menos evidente—, ha obligado a los actuales dirigentes de la nación a tomar una serie de medidas fuertes. Parten de la convicción razonada (esperemos que también acertada) de que la estrategia u orden de procedimiento para que fructifiquen los mandatos políticos dictados —y por dictar, según se sigue anunciando—, con el fin de sacar a España del estado de cosas presente comienza por ordenar su propia casa. Naturalmente, el gobierno puede actuar de forma directa en la suya:la Administración General del Estado y sus entes institucionales. Pero no se olvide que la urgencia y la propia estrategia se refiere a todo el sector público y, por tanto, es absolutamente imprescindible que se involucren sin reservas los responsables políticos de las otras administraciones públicas: autonómica y local.

El Gobierno de la Nación ha aprobado (16-3-2012) y publicado (24-3-2012), esto es, puesto en marcha su plan de redimensionamiento del sector empresarial y fundacional de carácter públicos. Dicho de forma muy resumida, se concreta en un recorte del número de entidades, para evitar las denunciadas ineficiencias e incrementar la transparencia y el control, y, entre las medidas adoptadas, destacan (i) la rebaja sustancial de los gastos de personal y homologación de condiciones, (ii) la limitación del número de miembros en los consejos de administración de las sociedades públicas o con mayoría de capital público, y (iii) la rebaja y límite de las retribuciones e indemnizaciones de sus responsables y directivos.

Ante esta realidad del gobierno central en evitación de duplicidades, nos preguntamos: Y ¿qué han hecho los demás gobiernos autonómicos y locales? Y ¿qué hacen los demás gobiernos autonómicos y locales? Y ¿qué piensan hacer los demás gobiernos autonómicos y locales? Las respuestas a estas cuestiones nos interesan y conciernen también a todos los españoles, que lo seguimos siendo no solo cuando tratamos con la Administración General del Estado y sus extensiones, sino cuando lo hacemos con las administraciones autonómicas y locales.

26
Feb

La ¿estrategia? de las reformas (I)

Escrito el 26 Febrero 2012 por Antonio Rodríguez Furones en Sector público

El plan de reformas que se está diseñando desde el gobierno de la nación para encarar la crisis actual ha desatado, como no podía ser de otra manera, una oleada de opiniones y tertulias en las que se discuten los pros y los contras de cada una de las medidas impulsadas.

 

Desde una perspectiva más amplia y estratégica, es preciso dotar al análisis de ciertas herramientas que permitan estudiar la idoneidad y las posibilidades de éxito del paquete de reformas anunciado. En este sentido, en la Kennedy School of Government de Harvard se ha planteado un esquema básico e interesante con el que realizar una primera aproximación a ambas cuestiones: el triángulo del sector público.

 

 

Como se puede apreciar, la modelización propone que la resolución de un problema en relación con la “cosa pública” (res-publicae) se fundamenta en estudiar tres aspectos de las diferentes alternativas posibles:

  • Legitimidad de la medida a adoptar: en términos de credibilidad del impulsor y de la receptividad (ventana de oportunidad) de los afectados por el cambio introducido. Cuánto mayor sea esa legitimidad, mayor será la probabilidad de éxito la gestión del cambio a desarrollar.

En este sentido, la discusión sobre las fuentes de legitimidad es un debate ancestral del “management” en cualquier tipo de organización. En el mundo clásico, se distinguían dos vías de obtención de esa legitimidad: la “potestas” y la “auctoritas”. Mientras que la primera hace referencia al poder proveniente de la propia posición otorgada (organigrama; jerarquía), la segunda se basa en el reconocimiento por parte de colaboradores, compañeros e incluso jefes de una superioridad “natural” futo de la confianza en el buen juicio de la persona. Confianza que, a su vez, tiene una doble dimensión: el conocimiento y experiencia (bagaje técnico)  y un comportamiento moral que implica un desempeño no en beneficio propio sino en beneficio de la organización.

  • La disposición de las capacidades para su correcto desarrollo. Cualquier iniciativa requerirá de un conjunto de recursos materiales, humanos e intangibles (por ejemplo, el know-how) para afrontar los cambios que serán necesarios planificar e implementar.
  • La generación de valor público para resolver el problema detectado. En principio, para la evaluación del valor público es necesario definir un cuadro de indicadores y valores (umbrales) de referencia con los que apreciar el potencial efecto de la/s medida/s adoptada/s. Pero tampoco es cuestión de engañarse: en una realidad socioeconómica tan compleja como la actual es prácticamente imposible establecer relaciones causa-efecto directas en condiciones de ceteris paribus. De lo que se trata es analizar la tendencia (más que el valor absoluto) de esos indicadores de referencia, que permitan estimar el resultado de la medida adoptada.

La aplicación del modelo anterior sobre las diferentes medidas aplicadas, nos puede dar una idea del posible éxito del conjunto de actuaciones y de si, realmente, el conjunto de las mismas responde a una estrategia planificada.

En cualquier caso, si bien la planificación estratégica es esencial para dotar de coherencia (alineamiento de las medidas adoptadas), sostenibilidad (las cuestiones estructurales requieren soluciones a medio y largo plazo) y eficacia y eficiencia (legitimidad y recursos) en las decisiones adoptadas, lo realmente crítico, dónde nos jugamos el éxito, es en la fase de implantación estratégica.

Para que las reformas alcancen los objetivos esperados es preciso hacer un seguimiento de los resultados intermedios obtenidos (indicadores sobre la generación de valor público), que faciliten un efectivo control de desviaciones que permita elaborar e impulsar medidas correctivas lo antes posible. De hecho, experiencias anteriores muestran que “el papel lo soporta todo” y “el infierno está empedrado de buenas intenciones”. Más allá de los dos tópicos anteriores, las reformas anteriores, como cualquier iniciativa que surja en el sector público o en el sector privado, nacerán inútiles si no se planifica una correcta gestión del cambio (en muchos casos organizativos) para su desarrollo.

En definitiva, el proceso de las reformas no concluye en la publicación en el BOE: se requiere tiempo y un correcto desarrollo (y directivos y responsables públicos capacitados: lean el último post de José Mª Sánchez Alarcos) para la consecución de los resultados necesarios e imprescindibles. Parafraseando a Churchill: “no es  el fin, ni siquiera es el comienzo del fin, es el inicio del comienzo del fin”.

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